APU | TESTIMONIOS DEL ENCUENTRO MISIONERO LATINOAMERICANO (EMLA)

Dios estuvo presente en cada encuentro

La experiencia vivida en Honduras se puede resumir en Encuentros. 

El camino hecho como equipo latinoamericano, diálogos, noches trabajando y soñando entre muchos para que el EMLA 2023 sea una hermosa realidad. Valieron la pena… 

El viaje y cada una de sus peripecias en cada control migratorio fueron dando nota y color para que la llegada a San Pedro Sula, en un día gris y con llovizna sea el ideal.

Cada abrazo, cada reencuentro, cada saludo recibido en las primeras horas del encuentro, iba creando un clima familiar, como el de hermanos y amigos de una misma Asociación.

En la primera semana fuimos preparando el corazón para la misión por medio de los distintos espacios de formación, oración, reflexión y compartir que hemos tenido. 

Pasaron los días, y llegó el día de la misión. Fui elegido para compartir el tiempo de misión con Mario, un joven de Ecuador. Fuimos enviados a dos centros de misión Los Encuentros y Jazmines, pertenecientes a la Parroquia de Rigores, dentro de la Diócesis de Trujillo. 

Los primeros días estuvimos visitando los Encuentros. Este lugar lleva este nombre porque es el punto más estratégico para que las familias que viven en las zonas más altas de los cerros, se puedan congregar. Ahí estaba una sencilla y hermosa capilla levantada en medio de los cerros que abrazaban dicho lugar de oración.

Por cierto, no sabía que encontrarse iba a significar tanto. En Los Encuentros habitan personas bien humildes, con un gran corazón y con muchas ganas de rezar. El día en que iban a ser visitadas las familias no iban a trabajar al campo, esperaban durante todo el día la visita. Nos recibían con una limonada bien fría, para sobrellevar el intenso calor. Todo comenzaba tímidamente, y conforme pasaban los minutos ya la confianza y la alegría era lo común en cada cita.  El momento de encuentro con la Palabra por medio de la lectio divina marcaba un sello importante, seguido a ello pedían la bendición para su casa, familia y plantaciones. 

Nuestro día y misión tenía un final feliz, rezábamos la Eucaristía en la última casa que visitábamos. Era el lugar de encuentro, del compartir y celebrar la vida; la fe y el poder estar juntos como comunidad. Todo comenzaba y terminaba con Jesús. Y así fue que, en el último día en Los Encuentros, pudimos reencontrarnos todos… con una Eucaristía bien en familia, y con una rica cena. Esa misma noche, emprendimos camino hacia Jazmines.

En Jazmines, fuimos recibidos con el mismo cariño. Pudimos encontrar al igual que en Los Encuentros a muchos otros Cristos que nos esperaban. La lectura de la Palabra y su posterior compartir era la excusa perfecta para que se pudieran revelar historias difíciles, pero a su vez llenas de la mano y providencia de Dios. La Eucaristía diaria marcaba el cierre de cada jornada.  

Jesús estuvo esperándonos en Los Encuentros y Jazmines, María se quedó en cada hogar continuando la misión. Y hoy nosotros seguimos haciendo misión, y acompañando en la distancia estas comunidades, con el cariño y la oración. 

Diego Martinez CM

JMV APU (Argentina-Paraguay-Uruguay

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