JMV renueva sus estatutos y liderazgo internacional

Entre los días 17 y 23 de agosto de 2026, el Centro de Espiritualidad San Vicente de Paúl, en Santa Marta de Tormes, a las puertas de Salamanca, en España, recibió a 124 asambleístas de Juventud Mariana Vicenciana, provenientes de países de todos los continentes. Era la VI Asamblea General Internacional de la Asociación, el encuentro máximo de JMV, reunida para definir los rumbos de los próximos años. Durante siete días, los participantes vivieron un ritmo intenso de oración, compartiendo experiencias, trabajo en grupos y fraternización, con debates en cuatro idiomas unidos por la traducción simultánea — y decisiones que marcarán a toda una generación de jóvenes vicentinos.

Un estatuto de 1999 para una Asociación de 2026

El corazón de la Asamblea fue la revisión de los Estatutos Internacionales, que permanecían en pie desde 1999 — y no por casualidad. En esos 27 años, JMV cambió profundamente: creció en número de países, diversificó sus realidades locales y maduró su papel dentro de la Familia Vicenciana. El texto de casi tres décadas atrás ya no daba cuenta de una Asociación que hoy se extiende por continentes tan diferentes. La actualización, por lo tanto, no era un deseo, sino una necesidad. El proceso fue largo: propuestas recogidas en los países, lectura, reflexión y oración del Consejo Internacional, hasta llegar al texto debatido en Salamanca.

En los primeros días de trabajo, los asambleístas analizaron las propuestas de cambios, presentaron enmiendas en los grupos, escucharon las explicaciones de la Comisión de Revisión y votaron cada cambio. Al final, el nuevo estatuto fue aprobado por amplia mayoría. Al abrir los trabajos, la entonces Presidenta Internacional, Patricia Isabel Roppa Godoy, hizo una invitación que atravesó toda la semana:

«El documento que presentamos no salió de la nada. Recoge el sentimiento de la Asociación en el mundo entero. Por eso, pido que cada vez que propongamos algo, no sea a partir de nuestra propia realidad, sino que abramos el corazón para acoger otras realidades.»

Y recordó lo que da sentido a todo el esfuerzo normativo:

«Nuestra única y verdadera misión como Hijos de María es seguir llevando a Jesucristo a otros jóvenes, para que sepan que son hijos de Dios y vivan con alegría, con amor y llamados a servir.»

La renovación, cabe decir, no termina en Salamanca. Con los Estatutos Internacionales aprobados, cada país tendrá ahora que revisar sus estatutos nacionales para alinearse con el nuevo texto. Será un trabajo extenso, conducido por el nuevo Consejo Internacional, elegido justamente en esta Asamblea, en diálogo directo con los consejos nacionales. A este consejo le corresponderá acompañar a los países en los próximos meses y años, traduciendo el marco internacional para cada realidad local.

Un nuevo liderazgo para conducir la renovación

El viernes 21, tras la presentación y las entrevistas con los candidatos, la Asamblea eligió el nuevo Consejo Internacional de JMV: T. Daniel Kuenzel (Estados Unidos) como Presidente Internacional, elegido en el primer escrutinio, Paulina Maria Berdel (Polonia) como Consejera de Europa, Raymonda Philippe (Egipto) como Consejera de África, Harving Vélez (Colombia) como Consejero de América y Joseph Cong Thang Nguyen (Vietnam) como Consejero de Asia y Oceanía. Un liderazgo renovado, que asume la asociación en el momento exacto en que más necesitará conducción: la implementación de los nuevos estatutos en decenas de países.

El Secretariado y el desafío de sostenerse

La Asamblea también miró hacia adentro, hacia la casa que sostiene a la Asociación. El P. Francisco Nicolas Pelito Magnaye, Jr., Director del Secretariado Internacional, presentó la situación de JMV Internacional y del Secretariado, contando la historia del patrimonio construido desde los años 90 — cuando la Asociación, aún en formación, necesitó buscar financiamiento para existir. Su síntesis quedó en la memoria de todos:

«No Money, No Mission. San Vicente de Paúl estaría de acuerdo con esta frase.»

La respuesta llegó el último día: la Asamblea aprobó el compromiso de una contribución anual de cada miembro para JMV Internacional, con valores y formas a definir por cada país, según su realidad.

El documento que guiará los próximos años

El sábado, los grupos presentaron sus propuestas para el Documento Final y la Asamblea dialogó sobre cada una de ellas. El domingo 23, el desenlace: el Documento Final fue aprobado por unanimidad. En la misma mañana, los asambleístas aprobaron también la propuesta de articulación continental, que debe ser conducida por el Consejo Internacional — un paso inédito para acercar la estructura internacional a las realidades de cada región.

Ese documento, que define las líneas de acción de JMV para los próximos cinco años, será enviado oficialmente a los países en los próximos meses por el nuevo Consejo Internacional. Y es a partir de él que cada grupo, en cada rincón del mundo, comenzará a construir lo que fue soñado en Salamanca.

Gratitud a los países

Si la Asamblea fue posible, fue porque cada país respondió al llamado: envió a sus representantes, se esforzó, se hizo presente. A ellos — a los jóvenes que atravesaron océanos y fronteras, a los consejos nacionales que los prepararon, a las familias vicencianas que los acogieron — JMV Internacional dirige su agradecimiento. Porque una asamblea como esta no se hace con documentos: se hace con personas. Y de las personas, al fin, depende lo que la Asociación más valora: que siga viva, joven y en camino, sostenida por todos aquellos que creen que seguir a Jesucristo con María al lado vale cada esfuerzo.

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