CONOCE MÁS A NUESTRA NUEVA DELEGADA INTERNACIONAL

Entrevistamos a Sor Isabel Higueras Hernández, H.C. nuestra nueva delegada internacional. No te pierdas ni un solo detalle y lee la entrevista completa:

Antes de comenzar la entrevista, Sor Isabel quería dedicar unas palabras a su antecesora: Sor Amadita Pinzón H.C.:

“Antes de comenzar esta entrevista, le envío un saludo muy cariñoso y entrañable a sor Amadita. La conocí en Salamanca. Charlamos en el camino de regreso desde una Ermita cercana hasta la casa, y también compartimos los ensayos con el grupo de liturgia. Le deseo mucho amor y mucha salud.”

Sor Isabel Higueras Hernández

Con estas palabras llenas de sinceridad y cariño, Sor Isabel inicia esta entrevista, en la que nos cuenta más sobre ella, su misión y lo que espera.

 

ENTREVISTA

  1. ¿Quién es Sor Isabel María? Cuéntenos un poco su historia.

Para responder a esta pregunta permíteme comenzar contando un acontecimiento muy especial en mi historia que muy pocos saben y que puede definir muy bien lo que soy hoy.

Un día, mis padres me contaron que vine a este mundo sin tener apenas nada preparado porque temían por mi vida. Sin saber aún que mi madre estaba embarazada, la sometieron a gran cantidad de pruebas médicas por un posible tumor cerebral, por lo que más tarde, les advirtieron de que podía nacer con malformaciones importantes. Me contaban que mi nacimiento lo vivieron como un auténtico milagro y que no cesaban de dar gracias a Dios. Ya de mayor, cuando tuve conocimiento de esto, pensé que quizás el Señor me podría pedir algo grande. Y así fue…

Crecí en una familia de fe profunda. Tenía una tía Carmelita Descalza que seguía muy de cerca los acontecimientos importantes de la familia, con quien solía conversar a menudo. También recuerdo vivir cada domingo como un verdadero día del Señor. Lo central del día era la Eucaristía celebrada en familia y, después, al terminar, seguíamos celebrándolo juntos. Fue esa la primera semilla que el Señor plantó y que mi familia cultivó con todo tipo de cuidados. Por tanto, Sor Isabel María es una mujer de fe sencilla, muy tímida, sensible, paciente y con un gran sentido de la responsabilidad.

  1. ¿Cuál es su carisma y espiritualidad en su congregación?

El mayor tesoro que tenemos los vicencianos es el carisma, ese don o gracia particular que el Espíritu Santo concedió a San Vicente de Paúl en un momento dado de la historia para el servicio y enriquecimiento de la Iglesia universal. La espiritualidad es una dimensión más amplia, que se refiere a la manera en que una persona vive su fe y su relación con Dios. Siguiendo a Jesucristo Siervo, las Hijas de la Caridad nos entregamos a Dios en comunidad para servirle en la persona de los pobres, con un espíritu evangélico de humildad, sencillez y caridad. Esta es nuestra espiritualidad.

  1. ¿Cómo despertó su llamada vocacional?

A los tres años, mis padres confiaron mi educación a las Hijas de la Caridad, y a los 10 años formé parte de Juventudes Marianas Vicencianas. En la Asociación fui madurando y personalizando mi fe, y asumiendo diferentes compromisos hasta llegar a la segunda etapa del catecumenado, considerada como: “la etapa del noviazgo con el Señor”, así lo expresaba un sacerdote en uno de los encuentros-retiro al que asistí, a mí eso me impactó mucho y el Señor fue haciendo su trabajo.

Un cierto día acompañé a una Hija de la Caridad a visitar a una familia muy pobre que vivía en una antigua estación de ferrocarril a las afueras de la ciudad. Por prudencia me quedé en la puerta, pero la Hermana salió y me dijo: “Ven, entra, y mira cómo vive esta familia…”. Me impresionó tanto lo que vi que ya no se me fue de la mente. Esa imagen estuvo acompañada de cierta inquietud interior que no sabía muy bien qué hacer con ella. Pasado un tiempo, fui a contárselo a la Hermana que por entonces empezó a acompañarme. Ella me sugería que pusiera nombre a aquello que estaba viviendo. Después de un sinfín de “no sé”, le dije: ¿qué pasa, que Dios me está llamando? A lo que ella me respondió: “A voces, Isa, a voces…”. Recuerdo que aquel día, esa inquietud de pronto se transformó en una profunda paz interior y tras un tiempo de silencio, como tratando de hacerme consciente de lo que estaba ocurriendo, le dije: “y ahora…, ¿qué tengo que hacer?”. El Señor me ponía por delante un camino totalmente desconocido para mí, pero bonito e ilusionante… Se trataba de seguir enamorándome cada día más de Aquel que ya había puesto su mirada sobre mí.

Continué con mi oración personal, como ese momento privilegiado de descubrimiento de un Dios cercano, personal y amigo, muy diferente al que había conocido hasta entonces. Y un cierto día oré con el texto de Jeremías 20,7: “Me sedujiste, Señor y me dejé seducir… Fuiste más fuerte que yo y me venciste. Pensé en olvidarme del asunto, pero era para mí como un fuego ardiente encerrado en mis huesos, que luchaba por contener y no podía”. Era justamente eso lo que me estaba pasando, la mejor descripción de lo que ocurría en mi interior. Y tras esas luchas irremediables y forcejeos que se dan al inicio de toda vocación me rendí… y acepté ese regalo grandioso que, sin lugar a duda, es la vocación a la Vida Consagrada para una persona.

Si tuviera que resumir ahora mi camino vocacional desde el momento en el que me encuentro, mirando hacia atrás con la perspectiva del tiempo, diría que es un camino en libertad, con la única tarea cada día de amar más y más al Señor. Es en ese camino y en esa tarea, de la mano de María, en la que me encuentro hoy, feliz y agradecida por el don de la vocación y confiada a Él cada día. 

  1. ¿Cuál es la misión de una Hija de la Caridad?

Ni más ni menos que ser continuadoras de la misión de Jesucristo en la tierra. Nos decía San Vicente de Paúl que “para ser verdaderas Hijas de la Caridad, hay que hacer lo que el Hijo de Dios hizo en la tierra. ¿Y qué es lo que hizo principalmente? Trabajó sin cesar por el prójimo, visitando y curando a los enfermos, e instruyendo a los ignorantes para su salvación”. Por tanto, nuestra principal y única misión es la de servir a Jesucristo en sus miembros dolientes, representando la bondad de Dios ante ellos y tratándolos como nos enseña esta misma bondad, esto es, con dulzura, compasión, cordialidad, respeto y devoción.

  1. ¿Cómo y cuándo conoció JMV?

Se me ocurre aquí hablar de diferentes niveles de conocimiento. En primer lugar, como he dicho antes, conocí a JMV a los diez años de edad, formando parte de un grupo junto a otras niñas de mi edad. Desde entonces, recorrí mi proceso catecumenal de JMV hasta que, después de un tiempo de discernimiento suficiente, opté por iniciar la etapa de Postulantado con las Hijas de la Caridad.

Durante el Seminario, aunque no era costumbre, tuve la suerte de ser la catequista de un grupo de JMV. Tras finalizar el Seminario, fui destinada a un lugar muy especial, cuna de JMV en España: Benagalbón. Allí aprendí de primera mano lo más importante de JMV, gracias a una hermana muy carismática, que amó profundamente y sirvió a la Asociación durante muchos años. Ella fue mi gran maestra, al igual que toda la Comunidad. Años más tarde, desde allí iniciaría mi primera responsabilidad en JMV a nivel provincial. Después de seis años, fui nombrada delegada nacional. Por tanto, han sido cuatro los niveles de conocimiento que he tenido en JMV: primero, como miembro, desde la edad más temprana permitida hasta mi desembocadura en la Compañía de las Hijas de la Caridad; segundo, como Hija de la Caridad y catequista, que aprendió muchísimo al lado de una magnífica delegada provincial; tercero, un conocimiento a nivel provincial y cuarto, en su nivel nacional. 

  1. ¿Cómo es formar parte de la misión dentro del secretariado internacional de JMV?

En esta pregunta no me atrevo a hablar de algo que no conozco desde dentro, pero en cambio, he tenido la gran suerte de haber tenido una cercanía, tanto física como afectiva con el secretariado internacional de JMV durante los ocho años que estuve en Madrid como delegada nacional de España.

En mi discernimiento para esta nueva misión, han desfilado por mi mente todas las delegadas, subdirectores, presidentes y voluntarios internacionales de varias generaciones, a los que me une un gran cariño y agradecimiento por todo lo compartido. Con sano orgullo puedo decir que he formado parte de la misión del secretariado internacional. Desde aquí me atrevo a responder a esta pregunta.

Recuerdo infinidad de colaboraciones, participaciones en encuentros, paseos, risas, conversaciones, oraciones compartidas, viajes, reuniones, comisiones, asambleas… y todo ello con la misión que es el compromiso con los jóvenes, el mundo, la Iglesia y los pobres. Tengo un recuerdo muy especial y agradecido hacia la generación con la que me tocó trabajar incansablemente para preparar el EJV y la JMJ de Madrid en el año 2011, siendo Yasmine Cajuste la presidenta internacional en ese momento. Fueron dos años de mucho trabajo y reuniones, pero que valieron realmente la pena por los vínculos generados entre ambos secretariados.

  1. ¿Qué mensaje dejaría para todos los miembros de la Familia Vicenciana, jóvenes y consagrados?

En primer lugar, diría algo que parece obvio, y es que nuestra presencia, tan necesaria hoy allí donde estemos, sea una presencia activa. Llega un momento en que uno descubre que la vida está llena de retos y posibilidades ahí donde nos encontramos. Recientemente, he estado acompañando a un grupo de JMV, han sido 4 años en total, y tengo que reconocer que es una de las tareas más difíciles que he realizado. Hoy día no es fácil ser catequista o acompañante de niños, adolescentes o jóvenes, pero sí que he aprendido que es necesario ESTAR y no vale con estar de cualquier manera. En el buen sentido de la expresión, que SE NOTE que estamos. Nada de pasar desapercibidos, escondidos o acomplejados. 

La segunda cosa que diría, por la amplitud y el alcance de la familia vicenciana en el mundo entero, es que esta tarea de la evangelización de los jóvenes no es una actividad más entre otras mil que ya tenemos, y que nos producen más cansancio que otra cosa, sino que es la esencia de la misión de la Iglesia: “Id y haced discípulos…”. Esta tarea de cada uno de nosotros, importa para el crecimiento de todos. Y, además, esta Misión compartida, que tradicionalmente ha sido más propia de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad, ahora es de todos sin excepción, porque allí donde me encuentro y como me encuentro, he de anunciar a Jesucristo, compartiendo en la Iglesia esta tarea de ser misionero/a en medio del mundo y al estilo de San Vicente de Paúl, sirviendo y evangelizando a los pobres, nuestros amos y maestros. 

En tercer lugar, si hablamos de colaboración, es fácil intuir cómo ha de ser ésta. Todos, sintiéndonos Iglesia, desde la propia condición de cada uno (casados, solteros, jóvenes, misioneros, consagradas…), todos, unidos en una misión común, transformados por Jesús y comprometidos con sencillez en el anuncio de la salvación que es Jesús mismo. Porque cuando estamos todos unidos: consagrados y laicos, es como pasar de cobertura 3G a cobertura 5G. Ampliamos la cobertura y encima gratis, y eso es una buena noticia para todos. 

Y en último lugar, cuidándonos mutuamente. La primera experiencia que he tenido, casi antes de comenzar, fue participar en un encuentro de Asesores de América. Valoré mucho, y así se lo transmití a Catarina, la consejera, quien me invitó a participar en ese encuentro, que hiciera referencia a que siempre hemos pensado en los Asesores como en aquellos que “cuidan de los jóvenes”, pero y a ellos, y a nosotros, ¿quién nos cuida?, decía ella. Caminamos juntos pero cada uno necesita del cuidado del otro, del cercano, del que camina a mi lado. Cuidémonos sin descuidarnos, cuidémonos para cuidar a otros y dejémonos cuidar, en primer lugar, por el Maestro del cuidado por excelencia.

 

Agradecemos a la Comisión de Comunicación (CC) de JMV. 

Entrevista: João Jorge Ferreira de Oliveira (JMV Brasil)

Edición: Secretariado Internacional 

Traducción: (ES) Ana Cruz – Honduras, (PT) João Ferreira – Brasil, (FR) Oriane Carelle – Camerún, (EN) Karley Winschel – Estados Unidos.

3 comentarios en “CONOCE MÁS A NUESTRA NUEVA DELEGADA INTERNACIONAL”

  1. Inmaculada Martinez Salido

    Sor Isabel muchas felicidades por esta nueva etapa que vas a comenzar, tenemos mucha suerte de haberte conocido y de la huella que dejas tanto en el colegio como en nosotros. Seguro que allí donde vas, te harás rápido, porque así salen las cosas cuando se hacen desde el Corazón.Un abrazo grande.

  2. Sor Maite Martinez

    Gracias Sor Isa, por tantos años compartiendo vida, gozos y también algunos sinsabores, pero sabiendo que Dios ha caminado siempre contigo.
    Gracias por tu gran disponibilidad en esta tarea para la que estás sumamente preparada. El Señor ha ido haciendo camino en ti.
    Desde la misión….muy unidas
    Sor Maite

  3. Ana María Manzanos

    Mi alegría es inmensa, cuando me enteré de su nuevo destino me emocioné, lo hará muy bien, perdona comprometida con JMV, yo he compartido muchos años con ella desde mi puesto de Delegada como H. de la Caridad. María Milagrosa sea tú protectora en tu nuevo camino.

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