Llamados a servir con humildad y alegría

La tercera jornada de la VI Asamblea General de JMV estuvo dedicada a la oración, el discernimiento y la votación progresiva de los Estatutos Internacionales

Salamanca, 19 de agosto de 2026.— La tercera jornada de la VI Asamblea General de Juventud Mariana Vicenciana ha estado marcada por la reflexión, el trabajo compartido y la toma responsable de decisiones. Reunidos en la Casa de los Paúles de Salamanca, hemos continuado avanzando en la revisión de los Estatutos Internacionales, guiados por una llamada común: servir con humildad, generosidad y alegría.

La Eucaristía, celebrada en inglés y presidida por el padre Kiko Magnaye, C. M., nos permitió comenzar el día poniendo nuestra tarea en manos de Dios. El Evangelio de los trabajadores de la viña nos recordó que la misión no nos pertenece: Dios es el dueño de la viña y nosotros somos únicamente trabajadores llamados a colaborar en ella.

Dios continúa llamando

En su homilía, el padre Kiko recordó una conocida anécdota de san Juan XXIII. Cuando le preguntaron cómo conseguía dormir teniendo sobre sus hombros las responsabilidades de ser Papa, respondió: «Esta es la obra de Dios. ¡No la mía! Me voy a dormir».

Estas palabras nos ayudaron a contemplar con sencillez la responsabilidad que asumimos durante la Asamblea. JMV no es una obra personal ni un espacio para buscar reconocimiento. Es una misión recibida que estamos llamados a cuidar y poner al servicio de los demás.

El padre Kiko desarrolló dos ideas centrales. La primera fue que Dios continúa llamando. Lo hace en cualquier momento, edad o situación. Podemos ser jóvenes o adultos, estudiantes o trabajadores, laicos o consagrados. Cada llamada tiene valor y merece una respuesta generosa.

«Dios es el dueño de la viña. Nosotros somos solamente trabajadores en ella», afirmó. La verdadera recompensa no está en una compensación material o en el reconocimiento recibido, sino en saber que Dios nos ha llamado a colaborar en la construcción de su Reino.

La segunda idea fue una invitación a evitar las comparaciones. Dentro de la viña de Dios, ningún servicio es insignificante. Puede ser tan importante presidir una reunión internacional como acompañar a los nuevos miembros de un pequeño grupo durante una visita a las personas más necesitadas.

«Formar parte de JMV nunca es una carrera profesional», recordó el padre Kiko. No estamos aquí para buscar promoción, prestigio o logros personales. La comparación termina dañando la fraternidad porque «envenena la gratitud, lo estropea todo y nos roba la alegría».

La homilía concluyó con una certeza que acompañó el trabajo de toda la jornada: «Somos llamados. Somos bendecidos. Somos hijos de Dios. Somos sus misioneros».

Discernir y decidir juntos

Después de la Eucaristía y de la lectura del acta de la jornada anterior, continuamos el proceso de revisión de los Estatutos Internacionales, contando con la ayuda del padre Corpus Delgado, C. M.

El trabajo se desarrolló de forma progresiva y participativa. Cada bloque comenzó con un tiempo de presentación y reflexión que nos permitió comprender el sentido de los textos propuestos. Posteriormente, compartimos el trabajo en grupo, escuchando las distintas realidades, sensibilidades y experiencias presentes en la Asamblea.

Las aportaciones dieron lugar a diferentes propuestas y enmiendas. Estas fueron presentadas, aclaradas y resueltas antes de pasar a las correspondientes votaciones. De este modo, la revisión de los Estatutos se está convirtiendo en un verdadero ejercicio de escucha, diálogo y responsabilidad compartida.

No se trata simplemente de modificar o aprobar un documento. Se trata de discernir juntos el marco que permitirá a JMV caminar unida en medio de la diversidad de países, lenguas y culturas que forman la Asociación.

El proceso continuará durante los próximos días, avanzando poco a poco en el estudio y la votación de los artículos. Cada reflexión, cada enmienda y cada voto forman parte de una responsabilidad que asumimos pensando no solo en el presente, sino también en las futuras generaciones de JMV.

La homilía nos ofreció la actitud necesaria para vivir este trabajo. No somos dueños de la viña ni de la Asociación. Somos servidores llamados a aportar lo mejor de nosotros mismos, sin comparaciones ni protagonismos, confiando en que la obra pertenece a Dios.

La oración de la noche nos permitió recoger todo lo vivido y poner ante el Señor las reflexiones, decisiones y esfuerzos de la jornada.

Con María, escuchamos la llamada de Dios; sirviendo hoy, asumimos con humildad nuestra responsabilidad; y, discerniendo y decidiendo juntos, comenzamos a transformar el mañana.

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